Soy mala y me gusta serlo

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Las mujeres tenemos que ser buenas. O por lo menos aparentar. Nos lo metieron en la cabeza desde chicas a fuerza de fábulas, cuentos de princesas y telenovelas. Cambian las historias y las protagonistas, pero el final siempre es igual: las perdices se las come la virgen de corazón puro, por más tonta y desabrida que sea.

Las mujeres de hoy en día lo saben y tratan de justificar sus envidias y sus frivolidades con trastornos psicológicos y adicciones. Las que son famosas, por ejemplo, esconden sus excesos y no pierden oportunidad para recalcar que son buenas, humildes y justas, aunque muchas veces no lo sean.

"En el fondo soy una chica de barrio", "Lo primero son mis hijos", "Lo importante es tener valores y los pies sobre la tierra", “Yo no me meto en conventillos, hago mi trabajo y me voy”, “Adoro el cariño de la gente”, repiten como monitos amaestrados en las revistas, aunque después de dar la nota muchas le revoleen un teléfono a su asistente o le descuenten la manzana que se comió a la empleada doméstica. Por más sinceras que sean, prefieren hablar de cualquier cosa antes de decir que no quieren tener hijos, que les encanta estar drogadas y acostarse con desconocidos, o que pisarían cualquier cabeza con total de progresar.

Sin embargo, de tanto en tanto aparece una malvada orgullosa que hace de su maldad una fiesta: una bruja que siendo bruja se come las perdices igual.

Mabel Normand, por ejemplo, fue una actriz cómica norteamericana, coprotagonista de varios filmes de Charles Chaplin y eterna figura antagónica de la noble y delicada Mary Pickford, la novia de América. Era adicta al alcohol, la cocaína y las pastillas y estuvo sumida en varios escándalos policiales. Su mejor amigo, Desmond Taylor apareció asesinado en su domicilio dos minutos después de que ella saliera de su casa, y su chofer intentó asesinar a su novio, Courtland Dines, de un balazo. Se dice que la película Sunset Boulevard, de Billy Wilder (una obra maestra que narra el ocaso de Norma Desmond, una malvadísima estrella de Hollywood) estuvo inspirada en su vida —Norma por su nombre y Desmond por el del amigo que supuestamente asesinó—.

Por los pocos reportajes que quedan de la época, se sabe que además de drogadicta, promiscua y sospechosa de asesinato, Mabel era mordaz y le gustaba escandalizar. Una de sus líneas más famosas fue, justamente, contra su némesis actoral: "Decí lo que quieras, pero no digas que me gusta trabajar. Eso se parece a lo que diría Mary Pickford, esa perra remilgada. Sólo decí que me gusta pellizcar a los bebes y retorcerle las piernitas. Y emborracharme."

Bette Davis, por ejemplo, fue la enemiga de Joan Crawford. Se detestaban a muerte y a menudo hablaban pestes de la otra. Eran famosas por su mal carácter, su lengua filosa y porque ni siquiera se molestaban en disimular sus escándalos. Joan llevó una vida tan promiscua (se acostó tanto con hombres como con mujeres y sus conquistas incluyeron a Marylin Monroe y a Clark Gable) que Bette Davis aseguró públicamente que se había acostado con todas las estrellas de la MGM, salvo Lassie. Joan, por su parte, declaró en una entrevista que no le haría pis encima aunque estuviese ardiendo en llamas.

Joan se casó cinco veces, varias por conveniencia. Su segundo marido, Douglas Fairbanks fue quien la ayudó a impulsar su carrera y una vez asentada, se divorció. El último fue el dueño de Pepsi Cola, quien al morir le legó la empresa, que Joan dirigió con mucho éxito. No tuvo hijos biológicos pero si adoptó unos cuantos. La más famosa fue Christina, quien escribiría más tarde la biografía “Mommy dearest”, en la que contó cómo Joan bebía (era adicta al vodka), la golpeaba y la torturaba psicológicamente.

En los años sesenta, la estrella de Bette se había apagado y como no tenía trabajo, publicó un aviso en el diario que decía “actriz con experiencia, ganadora de un Oscar, busca empleo”. La contrataron para una película llamada ¿Qué pasó con Baby Jane?, que trataba de un par de mujeres ancianas, ex actrices de Hollywood (una niña cantante y una hermana postergada que luego se transformó en estrella) que vivían juntas y se odiaban a muerte. La segunda hermana, curiosamente, estaba interpretada por Joan Crawford. En esa época ya eran viejas pero el odio permanecía intacto. En una escena famosa en la que tenían que pegarse, Bette Davis golpeó a Joan Crawford en la cabeza tan fuerte que tuvieron que coserla en el hospital, y en las escenas en que Bette debía arrastrar a Joan, esta última puso pesas en sus bolsillos para que Davis se dañara la espalda por el esfuerzo. Ese año la actuación de Bette fue tan convincente que se ganó su segundo Oscar.

Joan murió a los 73 años, víctima del cáncer de páncreas, con una de las fortunas más grandes de Hollywood. No les dejó ni un centavo a sus hijos e hizo carne su frase: “Yo, Joan Crawford, creo en el dinero. Todo lo que gano, es para gastar”. Mientras se moría, su criada se puso a rezar y Joan la insultó a los gritos: "¡Máldita sea!... No te atrevas a pedirle a Dios que me ayude" fueron sus últimas palabras.


Bette, en cambio, murió a los 81 años, sin fortuna, luego de una batalla contra el cáncer de pecho. Está enterrada en Los Ángeles como muchos actores, pero su lápida está grabado «Lo hizo del modo difícil» en vez del tradicional “Descansa en paz”.

Columna de revista Gataflora, mes de Junio 2009

Doñas Juanas

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Todas las mujeres somos inolvidables para alguien. Para un primer novio celoso, para un marido de toda la vida, o para el nene que nos dio el primer beso en el jardín de infantes. Sin embargo, algunas mujeres trascienden ese círculo privado y se vuelven inolvidables para una época, una comunidad, un país específico. Vedettes despampanantes que despiertan fantasías desde la tapa de una revista erótica, vecinas que transforman su belleza en la leyenda de su propio barrio, actrices que protagonizan las fantasías nocturnas de sus espectadores, o nenas tan lindas que ya desde el jardín de infantes tienen un séquito de admiradores.

Son como la versión femenina de Don Juan. Mujeres que en vez de un admirador secreto, tienen un fan club. Que en vez de un novio celoso, tienen a veinte celosos de su novio, y que en vez de recibir un regalito de vez en cuando, se ahogan en cortejos de flores y bombones.

Pero a su vez, dentro de esa elite femenina, hay un tipo aún más escaso de mujer que trasciende la conquista a granel. Una clase de mujer que, sin ser necesariamente despampanante o inteligente (aunque podría serlo), no sólo tiene una cantidad increíble de admiradores, sino que además tiene a los mejores. Que en vez de tentar a doscientos cincuenta mecánicos desde un almanaque de gomería, es la musa de muchos escritores, músicos y artistas plásticos de su generación. Una mujer que en vez de recibir perfumes y chocolates como todas las mortales, despierta poemas magistrales, inspira personajes de libros, o es la protagonista de las mejores canciones del rock.

Norah Lange, por ejemplo, fue una escritora pelirroja, vanguardista y transgresora de origen nórdico, que en su juventud se robó los corazones de los escritores Leopoldo Marechal, Oliverio Girondo y Jorge Luis Borges. A pesar de que Borges, desesperado por su amor, le prologó su primer libro y Marechal la transformó en el personaje de su libro central, el Adán Buenosayres, Solveig Amundsen, Norah se casó con Oliverio Girondo. Algunas biografías cuentan que al enterarse, Borges compró un revolver para matarse, pero que desistió en un cuarto de hotel, pero la verdad es que no se sabe. Norah siguió casada con Girondo, y Borges siguió enamorándose de otras mujeres.

Por el contrario, Lou Andreas Salomé fue una psicoanalista y escritora bisexual rusa que nunca se decidió por ninguno. A pesar de que estaba casada con un profesor de lingüística, tenía numerosos amantes y pretendientes, a los que ella les daba libros, les enseñaba ruso, o alentaba con sus discusiones intelectuales, entre los que se encontraban el poeta entonces quince años más joven Rainer Maria Rilke, Sigmund Freud y Friedrich Nietzsche, quién le llegó a proponer matrimonio varias veces.

Un caso paradigmático es el de la famosa Gala, quien fuera la musa de los surrealistas Louis Aragon, André Breton, Paul Eluard, Max Ernst y Salvador Dalí. Ya casada con Paul Eluard —quien la pintó por todas las paredes de su casa—Gala tomó de amante a su mejor amigo, Max Ernst, a quien incluso llevó a vivir con ella, bajo el mismo techo que compartía con su marido. Años más tarde, los abandonó por un Salvador Dalí diez años más joven, a quien salvó de la locura y de la pobreza y le sirvió de musa inspiradora mientras se reunía con numerosos amantes jóvenes, hasta la edad de ochenta años, en el palacio que él le había regalado tiempo antes.

Por último, otra forma típica de musas polígamas fueron groupies como Bebe Buell, Patti Boyd, Marianne Faithfull y Anita Pallenberg.

Bebe Buell, “La depredadora del rock”, por ejemplo, fue una modelo lindísima y famosa por haber sido amante de Mick Jagger (quien le pintaba las uñas de los pies), Jimmy Page, David Bowie, Jack Nicholson, Warren Beatty, Iggy Pop, Steven Tyler (con quien tuvo a la actriz Liv Tyler), Rod Stewart y Elvis Costello (el gran amor de su vida).

Patty Boyd fue otra chica sin ningún talento especial, que se casó con el beatle George Harrison —quien le compuso la canción Something— hasta que lo dejó por su mejor amigo, Eric Clapton, que a su vez le compuso la famosa canción Layla, luego de que ella lo rechazara y él se diera al consumo de heroína.

De Marianne Faithfull y Anita Pallenberg todos sabemos la historia: novias, amantes, talentosas musas de Mick Jagger y Keith Richards entre otras, tuvieron un gran impacto en los Rolling Stones , e inspiraron y ayudaron a componer decenas de canciones memorables como She Smiled Sweety, Complicated, Beast of burden, Sister Morphine y Something Better hasta Wild Horses y Sympathy for the Devil.

Mujeres inolvidables como todas todas las mujeres, que en vez de tener un novio oficinista que les escribiera poemas o les cantara el feliz cumpleaños, fueron personajes de libros de Marechal, discípulas de Borges, coristas y compositoras de los Rolling Stones, consejeras de Rilke y Nietzsche y modelo vivo de media docena de pintores.

Columna de la revista Gataflora, Enero 2009.
Ilustración de Santiago Mansilla.
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