Bloggies 2007

Una vez más estoy nominada en Bloggies 2007 como mejor blog de Latinoamerica. Como soy el único blog escrito en castellano de toda la competencia y es un concurso de US, sabemos que no tengo chances, pero vótenme igual así no paso tanta verguenza como el año pasado. Igualemente se siente bien estar nominada, porque son 5 candidatos por continente. Algo bien debo estar haciendo.
Recibí mails muy lindos esta semana. Gracias a todos los que vienen a leerme, y maldición eterna para los idiotas que no entienden la diferencia entre la persona y el personaje.

Update:
"Funny, insightful, often poetic" (by Liz Henry at Blogher)

El arte menor de especular

Eran las cinco de la mañana del domingo, y dos ideas se agarraban de los pelos en su cabeza: llamarlo o seguir esperando.
Había salido a cenar con amigas para distraerse, pero sólo había conseguido una borrachera de solterona indignada. Repitió el hipotético momento del llamado con infinito patetismo: le cortaría el teléfono sin dejarlo hablar, o le diría que estaba yéndose a vivir a otro país para siempre, o se casaría con el enano del área contable y le mandaría una invitación con su nombre en letra enrulada. Lo imaginó desolado, compungido y culpable, pero ninguna de estas ficciones logró mitigar su angustia.
Trató de odiarlo. Pensó en su abultada panza de bebedor, en las veces que le dijo "chiquita", en esa fastidiosa manera de agarrar el tenedor, en su pegajoso vínculo con la madre. Pero ninguna imagen la ayudó.
Pero entonces se dió cuenta de que esperar su llamada era una forma de negarse a sí misma; de traicionar su deseo. Que había que ser genuina, honesta, frontal. Que una debía hacer lo que sintiera en su corazón. Que había que ofrecerse, entregarse, confersarse; por más arriesgado e inútil que pudiera parecer. Que había que tener sexo en la primer cita, decir "te amo" en la cuarta y aparecer en jogging y zapatillas en la número seis. Que si era amor verdadero todos estos detalles perdían su fuerza destructora. Y que si su sinceridad aguaba esa relación, la conclusión era simple: ese amor no era suyo. Que era pedante pensar que el amor podía estar fundado en un llamado o en un gesto tan anecdótico y diminuto. Nadie que esté verdaderamente enamorado puede huir. El amor diluye el miedo.
Marcó el teléfono urgida por el alcohol y la valentía de esta nueva certeza. Escuchó su voz dormida y lo sintió lejano y molesto. Le habló de sus necesidades y de su tristeza con sinceridad, pero él postergó la charla para un día que no llegó nunca. Apenas cortó el teléfono supo que nunca más vería su sigilosa calvicie.
Se acostó borracha y triste, y entre sueños, otra idea se apoderó de su somnolienta voluntad con violencia: pensó que para materializar el amor se necesita menos sinceridad y más astucia. Que hay que ser inteligente y tener paciencia. Que no hay que hacer planteos. Ni hacer preguntas. Ni pedir explicaciones. Ni tener problemas. Ni mostrarse necesitada de afecto. Que hay que vivir el momento hasta que él decida que el momento no le alcanza. Que hay que relajarse y esperar en silencio la ocasión perfecta para presionar. Que la próxima vez sería una bruja especuladora. Una zorra. Una araña tejedora. Una mosquita muerta. Una hiena corrosiva. Que se dejaría convencer por cualquier cohartada misteriosa. Que adoraría a sus amigos solterones y guarangos. Que soportaría estoicamente a su anciana suegra, y que, cuando fuese el momento, cuando él estuviese acostumbrado, apegado, necesitado y enamorado, tiraría el kimono de geisha al vacío y le pondría los puntos sobre las íes.
Esa noche se durmió enojada e inmóvil, pero vivió tironeada por estas dos teorías hasta el fin de sus días, y cambió de parecer cada vez que estuvo soltera, cada vez que la dejaron plantada, que vió una comedia romántica, que tomó el té con una amiga, o que se separó. Como un péndulo sin fuerza. Como una calesita. Como una mujer cualquiera.

Imágenes de mujeres: La gordita híbrida


Apuradas por la curiosidad carnal, todos los años egresan, con sus breves polleritas, las inquietas adolescentes listas para ser mujeres. Corren de la oficina a la universidad con sus cuadernitos y fotocopias mientras llevan, prendidas en sus caderas, las húmedas miradas de jefes y profesores verdes. Sin embargo, no todo es sensualidad. Entre los cuerpos pegajosos y el coqueteo de pupitre, emerge, como un anodino bebote de goma, una vírgen de tetitas puntiagudas y firuletes de broderie: la gordita híbrida.
A diferencia de sus compañeras, que circulan por las aulas empapadas de un compacto vapor sexual, la gordita híbrida sólo despierta simpatía fraternal. Su cuerpo aún conserva un fino acolchado de grasa infantil que esconde sus curvas, y sus pueriles patas de palo, rectas como tubos de mortadela, acompañan su aletargada sexualidad de prescolar. Su rostro pepón y redondito incita el pellizco y su cabello parece recogido por su madre antes de ir a la escuela.
La gordita híbrida se viste como una nena o una vieja, indistintamente. Usa camisitas blancas de cuello romántico y pantalones de jean bordados con mariposas, tanto como un camperón color malva, botas de taco cuadrado o saquitos color marrón anciano. Sus uñas y labios están siempre laqueados con brillo incoloro, y de su cuello cuelga, como la campana de una iglesia, la virgencita milagrosa de su primera comunión.
Es una de las mejores alumnas de su carrera y mientras sus compañeras se divierten yendo a fiestas y acostándose con todo el alumnado, sin ser tediosa, ella prefiere concentrarse en el promedio académico y su futuro profesional. Sus apuntes son los más completos, es estudiosa -aunque no siempre inteligente- y es la única que tiene sacapuntas en la cartuchera. Su carácter es siempre una delicia. Es buena persona, simpática y generosa. Entre sus virtudes se encuentran su marcial responsabilidad y su conversación cálida.
La gordita híbrida es la hija soñada. Su madre la lleva y la trae a todos lados, salen de compras juntas y comparten la misma clase de yoga y el mismo dermatólogo. En verano, todavía se va de vacaciones con sus padres, juega en la playa con sus hermanos, se desvive por su ahijada, patina sobre hielo con sus primas, o -cuando se siente misteriosamente adulta- va con una amiga al cine o a tomar el té.
En su corta vida, la gordita híbrida jamás tuvo novio y, en casi todos los casos, es vírgen. Los hombres son para ella, un caramelo sin abrir. En general, se enamora de algún profesor u familiar mayor, que le hace sentir que las relaciones sentimentales son un asunto lejano que enfrentará en el futuro. Dentro de mucho tiempo, cuando termine la carrera, cuando "sea más grande", cuando dejen de llamarla "pioja" o cuando llegue el indicado. O quizás cuando descubra, que su postergación sensual y su dedicación al estudio no han servido para nada, porque tanto afuera como adentro del aula es siempre mejor ser la alumna linda y no la más aplicada.

Un montón de amor

Los montoneros, influidos por la moral revolucionaria de los 60´ y 70´, sostenían el ideal ético que encarnaba el "hombre nuevo", cuya conducta necesariamente se oponía a la moral pequeño burguesa y liberal. Este hombre nuevo debía ser fiel, monógamo, austero, y debía abandonar las conquistas amorosas y extravagancias sexuales propias de los ideales liberales. Debía trabajar para la revolución sin considerarlo un sacrificio y definir precisamente sus sentimientos: elegir una compañera para hacer el amor, para tener hijos, para convivir.
Al ser ésta una ética colectiva (El art. 16 del Código de Justicia Montonera prohibía el adulterio), una aventura entre miembros casados ponía en peligro la cohesión del grupo. Todos los integrantes confrontaban a los culpables y les imponían una pena que podía oscilar entre un encierro transitorio o la expulsión definitiva.
Lili Mazzaferro, la esposa del poeta Paco Urondo, cuando descubrió la infidelidad de su marido lo acusó ante los líderes montoneros y exigió la expulsión de su esposo, que finalmente fue degradado y enviado a otra provincia.
Una integrante del ERP, por ejemplo, encontró una carta romántica entre la ropa de su esposo, escrita por una compañera de la misma célula. La mujer elevó el conflicto a la estructura nacional de la organización guerrillera y su marido, quien era parte del Bureau Político, fue sancionado y separado de su cargo. La infidelidad se publicó en los boletines que leían todos los militantes, y a "la otra" la ubicaron como alumna en la escuela en la que la esposa legal era profesora, y la obligaron a leer los boletines durante las clases.
Sin embargo esto del "hombre nuevo" tenía sus vaivenes: una militante del ERP denunció a su marido ante la conducción del grupo porque se negaba a lavar los pañales de su hijo, aduciendo que ese tipo de reivindicaciones feministas eran propias del primer mundo y que Argentina estaba recién en una etapa de liberación. Que no lo apuraran, que las cosas, debían ir por grados.

Fuentes de consulta: Caparrós, Martín / Anguita, Eduardo, "La voluntad" tomo III y v, 1era edición, Buenos Aires, Booket, 2006.

 
Licencia de Creative Commons
Bestiaria by Carolina Aguirre is licensed under a Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported License.
Based on a work at bestiaria.blogspot.com.
Permissions beyond the scope of this license may be available at http://bestiaria.blogspot.com.