1) La que tiene novio
La que tiene novio desperdicia todas sus vacaciones adentro de una cabina de teléfono, llorando y disculpándose con su pareja, quien le pregunta que hizo durante el día para poder gritarle que es una puta hasta ensordecerla. Es imposible sobrevivirlos: todos los días a las 19 hs, la que tiene novio obliga a sus amigas a correr como avestruces asustadas al departamento para atender la llamada de control de su prometido, y por la noche, espanta grupos de muchachos con sus ojos reventados por el llanto y su melancólico relato del novio castrador.
2)La que consigue novio
Para afrontar los posibles resbalones vacacionales, las mujeres solemos llevar -entre otras cosas- repelente, la tarjeta de crédito, y analgésicos. Sin embargo, extraviar el pasaporte o contraer malaria no representan, para nosotras, una verdadera tragedia. Un obstáculo difícil de sortear es, por ejemplo, que tu mejor amiga se enamore ni bien despacha el bolso en la terminal. Desde ese momento, las vacaciones son la sucesión del mismo ritual repitiéndose en tu retina: dos tórtolos encimados, dándose besos azules de asfixia, con las lenguas atoradas como dos cobras en un canasto.
Ni siquiera el regreso logra aliviar la situación; las secuelas de este vínculo transitorio se extienden hasta junio, cuando por fin conocen a otra persona y se cansan de ahorrar para viajar y volver a verse.
3) La que no consigue novio
La que no consigue novio está enamorada en silencio de un muchacho que apenas conoce. Sus vacaciones se esfuman montando una guardia estéril a la salida del bar en el que él trabaja, en el boliche al que va por las noches o en la playa en la que toma sol. Su pasiva contemplación es tan esmerada como inútil: él nunca se da por aludido y ella termina llorando borracha, colgada de un peñasco, cuando lo ve compartiendo un licuado de dos sorbetes con una chiquita parecida a Luisana Lopilato.
4) la mayordoma
La mayordoma se encarga de seleccionar, firmar el contrato y checkear el inventario del departamento que alquilan. Hace la lista del supermercado, asienta en una planilla los turnos para lavar los platos y maneja el presupuesto estacional. Si surge algún inconveniente, la mayordoma tiene un botiquín, aguja e hilo, protector solar factor 45 y una tarjeta para llamadas de larga distancia.
Es la primera en protestar porque nadie "colabora en la casa", porque alguna duerme hasta muy tarde o porque el baño está lleno de arena; mientras repite que es "una falta de respeto" como un fanático estribillo adolescente y habla por teléfono con su madre para relatarle sus vacaciones de pesadilla.
5) La desubicada
La desubicada cae de sorpresa durante la primer semana de vacaciones, con su bolsito lleno de "buena onda", la billetera vacía y muchas ganas de salir. Le pide plata prestada a todo el mundo y consume descaradamente los bienes comunes mientras grita que ella no sólo pagará su parte sino la de las demás. Prefiere emplear su tiempo en tomar sol untada generosamente con bronceador ajeno, en dar sorbitos prestados de tragos anónimos y en dormir hasta tarde. Cualquier reclamo que le hagan sus amigas es rechazado y declarado "mala onda", y en ningun caso afecta su rutina de relajada vividora. En todo caso, si hay chispazos en las convivencia, la desubicada se va a la playa bien temprano a hacer nuevas amigas, mientras los demás se envenenan juntando sus porquerías o dejándole el bolso en la terminal de tren.
6) La fulana
Para la fulana las vacaciones son una torpe excusa para el borroso suministro de sexo a granel. Víctima de sus hormonas tiranas y expansivas, la fulana se ofrece como carne de oferta por toda la costa. Su recorrido cubre las más diversas áreas: es capaz de sacarse toda la ropa bailando en la barra de una disco y de atorar a un jóven padre mientras juega al metegol con sus dos hijos menores. Por la noche, se encierra con algún desconocido en las habitaciones de sus amigas, y las deja paradas en el pasillo hasta pasado el mediodía, cuando se despierta, semi inconciente y golpeada en el balcón vecino.
La fulana también es muy proclive al hurto de novio, a la infidelidad variada y a la desaparición repentina. Es común encontrarla amnésica en otra localidad de la costa, con un pelado de cincuenta años que le dice "Jesica" y le regala moneditas para la máquina de peluches.
7) La saboteadora
El número más típico de la saboteadora es perder los pasajes, el dinero del viaje o incluso el avión quince minutos antes de salir de viaje. Su presencia trae siempre sorpresas que complican el desarrollo natural de la estadía: una convulsa alergia a la arena debajo de la epidermis o cuatrocientos pesos en incómodos luncheon tickets que sólo aceptan en un bar del centro.
8) La muerta
La muerta dedica la mayor parte del día a tomar té y escribir tullidos relatos deprimentes y mala poesía en un cuadernito de espiral, escondida en las alturas de una cama marinera. Es la primera en irse a dormir y la primera en despertarse y su misteriosa rutina es tan aburrida como ella misma: da largas y monocordes caminatas por la playa, despacha cartas deformes en una putrefacta estafeta del centro, y por las noches prefiere quedarse en casa antes de ir a bailar.


