El veraz emocional



Si una persona es estafada económicamente bien puede acudir a la justicia. Puede solicitar la inhabilitación, la quiebra, o la cárcel para el estafador, quien deberá responder con sus bienes o su libertad para compensar a la víctima por el daño causado. Sin embargo, cuando la estafa no involucra bienes concretos, el único tribunal disponible es un balde de helado y la oreja de una amiga. No existe compensación para el dolor causado por una estafa al corazón.
La única forma de prevenir estos incidentes en abrir de forma inmediata el primer banco de datos amorosos del país, una base de consulta permanente con informes que reflejen el grado de cumplimiento y honestidad de los compromisos románticos y el comportamiento general de la persona en materia sentimental. Estos documentos serían de gran importancia a la hora de aventurarse en una relación que podrá, en el mejor de los casos, hacernos parcialmente felices, y en el peor, arruinarnos la vida.
Ante todo, el informe debe incluir el estado sentimental actualizado de la persona, incluyendo edad, nombre completo, estado civil e hijos, si los tuviera. También debe haber un inventario cronológico de noviazgos, aventuras, affairs secretos, romances de verano, matrimonios, divorcios, convivencias y compromisos.
(No se aceptarán estados civiles mixtos o indefinidos, a saber: divorcios bajo el mismo techo, relaciones prontas a caducar, matrimonios simulados o prolongaciones conyugales por apariencias).
En esta sección deben estar asentadas todas las relaciones no caratuladas cuya duración haya excedido los tres meses, y en cada caso debe constar, de forma clara y comprobable, quién dejo a quien y bajo qué circunstancia. El descenlace debe estar detallado de forma eficaz y sobria, pero sin ahorrar detalles relevantes: debe constar si fue sorpresivo, si lo hicieron por teléfono, si hubo un tercero involucrado o fue de común acuerdo. Si existieran atenuantes, también deben estar detallados: subidas de peso escandalosas, infidelidades, cambios bruscos de personalización, mediocrización exagerada.
(Se caratulará como “relación seria” todo aquel vínculo que se extienda más allá del mes o que exceda las diez citas, o que –aún no cumpliendo este requisito- presente evidencia contundente de intercambio sentimental profundo, a saber: visitas a parientes políticos, frecuencia de llamados superior a cinco semanales, intercambio de regalos personales –exceptuando cosmética, textil, flores, dulces o entradas a eventos-)
También es importante adjuntar un dossier de datos de relevacia no romántica que pudieran afectar la evolución natural de una relación: si la persona viviera con sus padres pasados los 30 años, si saliera los días de semana, si hablara con su auto, si detestara dormir acompañado, si pretendiera adosar a su prima menor a las salidas, si no se comprara su propia ropa, si no admitiera que su acompañante se quedara dormido al mirar una película o si mirara más de dos partidos de fútbol semanales.
En la tercera y última sección deben figurar las faltas sentimentales graves comprendidas de los dieciocho y setenta y cinco años de edad, a saber: ser infiel, jurar amor en vano, crear falsas expectativas amorosas, evasión del compromiso sentimental/marital/de convivencia, confusión y demanda de “un tiempo”. (Toda persona menor a 18 años o mayor a 75 se considera inimputable en el área sentimental).
Dentro de los servicios premium, se debería ofrecer también el “certified sex feedback”, que consiste en un efectivo sistema de callbacks al azar realizados por la empresa para testimoniar el desempeño sexual de la persona en cuestión. Sería imprescindible que el investigado pueda certificar la autenticidad de esa opinión configurando en su perfil una clave de seguridad o pregunta personal que involucre la descripción de alguna marca personal en el cuerpo (lunares, cicatrices y otras particularidades).
También se podría acceder al servicio “Alerta Veraz” y recibir en su casilla de mail todas las actualizaciones de los perfiles románticos de tu interés y saber –antes que las demás- si un hombre está disponible luego de haber cortado con la novia, si nos están engañando con otra o si ese bendito divorcio nunca comenzó.
Aquellos que incurrieran en una falta grave serían inhabilitados por 5 años para fundar lazos amorosos. Quienes decidieran encarar una relación con una persona que haya incumplido sus compromisos románticos en reiteradas ocasiones pueden hacerlo bajo su absoluta responsabilidad, quedando sus amigos y familiares libres de todo compromiso de contención y padecimiento si posteriormente hubiera incidentes.

Efectos secundarios

Estoy convencida de que somos lo que queremos, lo que podemos y lo que nos dejan ser. Todos ocupamos, de alguna manera, un rol vacante. Incluso en un grupo de diez mujeres hermosas, habrá una linda y una fea. Así de simple y así de cruel.
Lo bueno es que siempre podemos cambiar, y quien fue insoportable en la adolescencia, puede ser apacible y relajada unos años después.
Cuando terminaba el colegio secundario empecé a notar que en todos los cursos había otra Carolina, otra Romina, otra María Laura; que todas eramos una persona, pero también un lugar, una referencia para los demás, una serie de actividades, de hábitos, de recursos.
No es malo ser un lugar si es el lugar que elegimos. Sé que me repito en miles de personas y que otras tantas se reiteran infinitamente en mí. Soy todas las Carolinas malvadas, graciosas, crueles, insoportables y estudiosas del mundo. De hecho, ahora mismo, debe haber alguna de todas estas hablando de mí:

La buena burra:
Es la más aplicada de la clase. Tiene una carpeta inmaculada, siempre lleva la tarea y estudia con método y dedicación. Sin embargo, es una bruta que sólo repite de memoria y que jamás puede resolver un ejercicio que requiera razonamiento. Si desaprueba alguna materia, rompe en llanto y suplica otra oportunidad ahogada en lágrimas y tics suicidas que asustan al profesor. En educación física siempre es un espanto: corre incómoda como un pingüino y se agita llevando las colchonetas, pero se esfuerza hasta el infarto para hacer más de dos flexiones aunque tiemble como una epiléptica en pleno ataque.

Las lindas:
Todos los cursos tienen alguna variante de linda. Yo conozco tres: la delicada -una muñequita vírgen y femenina de pelo rubio que usa aritos de perla y cuellitos de broderie; la agrandada, -una yegua curvilínea tempranamente desarrollada que despierta suspiros húmedos en la clase de gimnasia y que camina por los pasillos escoltada por una segundona que la imita con humillante desesperación-; y por último, el caballo de Troya, una pulposa vedette escondida en la anatomía de una gorda galletona o de un tero narigón que no se revela hasta una fiesta con pileta durante cuarto año.

La veinteañera:
Si bien tiene la misma edad que sus compañeras, parece mucho más grande. Siempre es la primera que fuma y tiene relaciones sexuales. Tiene un novio más grande, un asqueroso de 25 años que la viene a buscar en moto a la salida de la escuela. Es pésima alumna y se lleva varias materias pero no le interesa. No se integra con el curso y el viaje de egresados le arranca carcajadas; prefiere juntar dinero para irse de la casa o vacacionar con el novio en la Costa Atlántica.

La usurpadora:
Todos los cursos tienen una compañera que cinco minutos después de escuchar que ora está perdidamente enamorada de un chico, lo busca y se le sienta a upa, le chupa la oreja y se ríe de sus chistes como una grouppie drogada. De más está decir que una hora después dice que no se dio cuenta, pide disculpas y se pone a llorar y que al otro día hace exactamente lo mismo.

La excepcional:
Todos los cursos tienen una chica que hace algo fuera de lo común. Estudia danza en el Colón (Y se retira 1 hora antes del colegio todos los días), es actriz (y no cursa la mitad de las materias) o es hija de un diplomático (y falta tres días por semana, habla otro idioma o va con su tutor a clase).

La relegada:
Durante los 5 años de cursada todos la llaman por el apellido. Nadie sabe dónde vive, a qué se dedican sus padres, qué gustos personales tiene o qué carrera quiere seguir. Nadie nota cuando falta a clase y nunca la invitan a ningún lado, pero si lo hicieran, resulta tan raro verla sin uniforme, que no lo vuelven a hacer.

El fantasma:
Hacia finales de primer año siempre desaparece misteriosamente una compañera de curso. Todo el mundo conoce una versión distinta: que la embarazaron, que se mudó, que repitió o que se unió a la secta del padre Jorge, pero la verdad es, que nadie más vuelve a tener contacto con ella.

La mentirosa:
No sé porqué, pero en todas las aulas hay una mentirosa compulsiva que inventa viajes, compras delirantes y anécdotas con personajes famosos. En general esconde celosamente su casa y a su familia, hasta que un vendedor ambulante de tapones para el baño le da un beso en la mejilla y le dice que se apure porque la madre la está esperando con la comida.

La polleruda:
Esta chica vive su adolescencia bajo el yugo inquisidor de su madre, a quien le cuenta absolutamente todo. La señora, –que casi siempre es gorda- es el personaje más invasivo, escandaloso y atemorizante de todo el colegio. Como no trabaja, lleva a su nena a todos lados para controlar sus horarios a fuerza de bocinazos histéricos y reiterativas llamadas de supervisión. Mete las narices en todas las decisiones de la escuela y del curso, y en las reuniones de padres, siempre sugiere que todas aquellas que van a bailar, que hablan de sexo, que tuvieron novio, o que festejaron los quince años en un boliche, no son otra cosa que putas sifilíticas dedicadas a contagiar a toda la división.
Durante quinto año, la preocupación popular más genuina es que esta mujer venga de chaperona al viaje de egresados, cosa que finalmente sucede debido a que la señora prefiere encadenarse al paragolpes del micro y viajar arrastrándose por la ruta antes de que su hija realice alguna actividad no programada.
En algunos casos, esta misma chica es quien lleva a su hermana menor a todos lados, aún cuando no la invitaron, y la sienta a su lado, como un espantapájaros mudo, durante toda la reunión.

La roñosa:
En algún momento del colegio secundario, una compañera abandona el hábito del baño y asiste a clase con los más variados olores: fritura, gato, humedad, fritura con aceite usado, pis de gato, ropa guardada húmeda.

La anfitriona:
La anfitriona nació para organizar. Es la delegada del curso, la que junta el dinero para los regalos, la primera en ofrecerse para leer en los actos escolares, la encargada de guardar las pelotas de voley, la que pone su casa para estudiar y, finalmente, la tonta a quien todos insultan cuando la empresa de turismo que les vendió el viaje de egresados no incluye el día de ski que habían prometido.

Below standard:
Siempre hay una chica que instintivamente se las ingenia para desentonar, para estar debajo del nivel cultural y status social del grupo. Mientras todos escuchan rock, ella aúlla apasionadamente en un recital de Bandana con una pañoleta verde en la cabeza. Si todos viven en la zona, ella vive a cuatro trenes del colegio. Mientras todos aprueban dibujo, ella la tiene previa desde segundo año y, finalmente, es también la autora del papelito que dice “San Clemente” en la votación para elegir el destino del viaje de egresados.

El michino de "Las Cañitas"

El michino de “Las Cañitas” es una mujer de treinta y cinco años, que vivió los últimos diez esperando que su amante casado deje a la esposa. Como se quedó en la década pasada, todavía cree que es una veinteañera apetecible y vive recordando sus épocas de bonanza, cuando con el sueldo de terapista ocupacional, vendedora de inmobiliaria o profesora de gimnasia se podía hacer un crucero a Cancún y volver con la valija llena de tangas de Wal-Mart. A diferencia de la micifuza de Recoleta, -una trepadora asumida que sólo quiere un viejo que le ponga un departamento-, el michino de “Las Cañitas” todavía cree que se va a casar, y consagra sus días a esa empresa.
Si bien este michino no es exageradamente vulgar, sus intenciones de chica de clase alta se mueren cada vez que se desgarra un juanete por usar botas de ecocuer. Se plancha el pelo, va al gimnasio todos los días, concurre a la cama solar con disciplina y dedicación e incluso puede hacerse algún retoquecito de botox o subirse las tetas. Elige siempre provocativas remeras escotadas de lycra compradas en turbios bolichones de Cabildo y Juramento, botas altas, un pantalón blanco o de jean clarito, y nunca sale de su casa sin maquillaje, porque la cara se le desarma como un bolsón de arena húmeda estallando contra el piso.
Todas las noches, el michino de “Las Cañitas” sale a cenar con sus amigas. Siempre existe un –y sólo un- auto compacto de los 90 por cada grupito de cinco michas, que se pasan a buscar por todos lados cargadas de bolsones repletos de trapitos y remeritas baratas que nunca paran de intercambiar. Cenan en la vereda aunque se les escarchen las pestañas y aparentan estar entretenidas en una casual cena de amigas, y mientras ofrecen su desesperada carne solterona, comen ensalada con coca light y se acomodan los mentirosos anillitos enchapados que tienen en todos los dedos, intentan capturar hombres a fuerza de desesperadas sonrisas congeladas de concurso de belleza.
El michino cree que “Las Cañitas” es –más o menos- una suerte de fiesta privada en el living de su casa. Conoce a todos los hombres de la zona y los saluda coqueta, mientras ellos le frotan los hombros amistosamente y le hacen las preguntas obligadas de dos personas que alguna vez se acostaron y no se vieron más. Está orgullosa porque no va a discotecas, que claramente son para atorrantas desesperadas y vulgares, pero cada vez que pasa un hombre desconocido, no puede controlar su transformación: se yergue y se le dilatan las pupilas, deja el pan que tiene en la mano, alisa el ceño resentido y amargado, saca tetas y sonríe como su madre le enseñó.
Sin embargo, para el michino todo es tristeza y soledad, porque si bien todos se acuestan con ella, nadie considera desposarla. Los narcicistas de 40 años vestidos con modernas remeras colorinche, autos juveniles y rojizo bronceado, no son potenciales maridos para ella. Están demasiado ocupados preñando anoréxicas hijas de empresarios industriales y hacendados de la provincia.
Así, el pobre michino de “Las Cañitas” siempre sufre por amor, encerrada y deprimida en el vacío departamento que a duras penas puede costear, en donde nunca hay nada en la heladera ni en las macetas, hablando por teléfono con otras michinas acerca de un nuevo hombre que acaban de conocer, que sí, seguramente, si todo sale bien, por fin las llevará al altar.

Costumbres femeninas VIII

La casilla de mail es el preciso reflejo de toda nuestra rutina; el testigo mudo de nuestros errores y aciertos, de nuestra vida amorosa y social, de nuestro desarrollo laboral. Por este motivo, este espacio virtual exige privacidad, es un santuario que no puede ser burlado bajo ningún punto de vista.
Sin embargo, no hace falta entrar a la casilla de mail de una amiga para descubrir el verdadero estado de su vida. Basta ver lo que envía a diario para darse una idea.

Si manda chistes, cadenas de mails y alertas de virus durante todo el día, quiere decir que tiene poco trabajo.
Si manda chistes feministas, listas “graciosas” en las que comparan lo que dicen ellos y nosotras, breves ensayos acerca de por qué los hombres prefieren salir con chicas de 20, es que acaba de terminar una relación con un hombre.
Si envía poemas, frases y citas sobre amor que arrancan con “El amor es...”, power points con bebes y cachorros en canastas o bolsas, es que acaba de empezar una relación.
Si, en cambio, manda cadenas de mail con supercherías y cábalas pidiendo que reenvíes 7 para que se cumplan tus deseos, es que no tiene una relación y está desesperadamente buscando una.
Y, finalmente, si conoció a un hombre y le encanta, sólo desaparece.

(un amor así)

La amistad entre el hombre y la mujer no es otra cosa que el amor a medio camino. No es cálida fratenidad ni compañerismo; es puro amor, amor genuino, amor cautivador, romántico amor, amor en serio. Es el mismo sentimiento, pero con fronteras más cercanas. Es un pacto tácito entre dos personas que se gustan lo suficiente como para pasar tiempo juntas, pero no para compartirlo todo. Es el amor sin pasión, es un idilio cojo, un romance con muchos “pero”, un amorío vestido de tía.

Y son estos mismos efímeros bordes los que ponen la relación en peligro. El amor entre el hombre y la mujer es una unión amenazada por el tiempo, por la crisis permanente de sus miembros. Porque no elige los mismos amantes la mujer adolescente que persigue donjuanes, que la treintañera buscando un compañero.

Es cuestión de suerte o de azar, pero siempre existe la posibilidad, de que aquel amigo que ayer era demasiado inmaduro o aburrido, hoy sea absolutamente perfecto.

 
Licencia de Creative Commons
Bestiaria by Carolina Aguirre is licensed under a Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported License.
Based on a work at bestiaria.blogspot.com.
Permissions beyond the scope of this license may be available at http://bestiaria.blogspot.com.